19 jun. 2010

Unidad de la izquierda o convergencia de la diversidad progresista. Lo que hay que hacer frente a la crisis según los humanistas.

Ayer, viernes 18 de junio, asistí por la tarde a un entrañable y enriquecedor acto titulado: "Charla debate sobre las respuestas de la izquierda a la crisis", organizado por Izquierda Unida en el Centro de Profesores de La Laguna.

 

En la mesa presidencial estuvieron representadas algunas fuerzas políticas de "izquierdas": Sí Se Puede, Los Verdes, Partido Comunista del Pueblo Canario e Izquierda Unida Canaria, que realizaron de comienzo una intervención a través de cada uno de sus representantes escenificando la crisis desde sus particulares puntos de vista. Posteriormente se abrió un diálogo entre el público asistente y la mesa, aunque más que un diálogo, los que intervinieron desde el público (algunos pertenecientes a otras agrupaciones políticas progresistas), aprovecharon para dar también su punto de vista sobre la crisis; además algunas y algunos reclamaron la necesidad de la unidad de la izquierda para acudir con una sola voz y con más fuerza en las próximas elecciones locales y autonómicas.

 

Fue muy interesante y reconfortante apreciar la diversidad de opciones allí representadas, lo que da idea de que la "izquierda" es múltiple y variada, y que lejos de ser esto un inconveniente, consideramos que es una valiosa riqueza y una realidad insoslayable del mundo progresista en canarias que no podemos dejar de tener en cuenta, si bien, tampoco podemos dejar de reconocer su atomización y la poca participación social en el seno de la mayoría de ellas.

 

Ya que ayer, durante el acto, no pudimos dar nuestro punto de vista, me gustaría darlo hoy, si bien con la ventaja que da hacerlo sin límite de tiempo y con la extensión necesaria que creemos adecuada para hacernos entender, ojala consigamos esto último.

 

A nosotros nos gusta hablar de partidos o personas progresistas en vez de izquierdas, ya que este término ha quedado desdibujado y, en nuestra opinión, también antiguo o viejo: "El término izquierda política tiene su origen en el lugar de la Asamblea Nacional en que se sentaban, durante la Revolución Francesa, los representantes jacobinos, que respaldaban medidas que favorecieran a las clases más pobres de la sociedad. También se denominaban así los hegelianos jóvenes, que interpretaron a Hegel discutiendo su idealismo. En 1841 Ludwig Feuerbach publicó su obra más importante, La esencia del cristianismo. A partir de entonces, se convirtió en el principal referente de la izquierda hegeliana".

 

Muestra apuesta apunta no a la unidad de las fuerzas progresistas que ya demostró varias veces su fracaso total, sino a la convergencia de la diversidad. Creemos que la unidad de la izquierda nunca se consiguió ni se conseguirá, básicamente, porque nadie quiere ser absorbido por nadie y todos queremos existir en igualdad de condiciones que los demás, seamos más o menos numerosos, tengamos más, menos o ninguna representación política en las diferentes administraciones.

 

Convergencia de la diversidad significa trabajar juntos por construir un nuevo proyecto político progresista, posible y transformador para Canarias, sin que nadie pierda su identidad y contribuya en las mismas condiciones que los demás. Los que nos une es el proyecto construido por todos y la acción común para implementarlo y hacerlo posible y no el pertenecer a un bloque de acumulación de fuerzas donde el que tiene más fuerza de votos o de representación decide más que el resto.

 

La fiebre revolucionaria que emergió en occidente hace alrededor de 300 años atrás, parece haber cesado luego del fracaso de la utopía marxista en la Unión Soviética y los pueblos han entrado en un estado de sorda desilusión, mientras que la lucha se ha desplazado hacia los choques entre culturas. En ese escenario, la izquierda más radical se ha quedado sin proyecto y el viejo socialismo parece haber asumido su derrota, bajando las banderas revolucionarias vinculadas a su tradición histórica para adherir a un proyecto tibio que en sus días de fervor criticó duramente. En muchos lugares ha ido mutando hacia la socialdemocracia conformando aquello que denominan los «frentes amplios», conglomerados que responden a la vieja teoría de la acumulación de fuerzas, para conquistar el poder político y terminar administrando el modelo imperante, ahora como «parachoques» de las mismas movilizaciones sociales que, en sus mejores épocas, impulsó y lideró.

 

También los partidos comunistas han experimentado la misma tendencia y, gracias a esta táctica, han logrado acceder a pequeñas cuotas de poder político con el discurso de que es mejor estar ahí que en ninguna parte, usando el argumento del «mal menor», verdadero chantaje con el que se tiene cautivo el voto de las poblaciones, para evitar que gane la derecha.

 

Lo cierto es que por todos lados hemos escuchado la misma canción amarga de la derrota: se ha pasado del «avanzar sin transar» [ceder, pactar, negociar] al «transar sin avanzar». Parece que hubiera un acuerdo tácito respecto de que no se está dispuesto a pagar el costo en libertad que han implicado los procesos revolucionarios asociados a la instalación de los totalitarismos utópicos y se prefiere aceptar al estúpido esquema vencedor, intentando humanizarlo en la medida de lo posible. Pero todos sabemos, porque lo experimentamos cotidianamente, que en el orden actual la libertad tampoco existe y que sólo se ha producido un traslado del centro de poder desde el Estado hacia el Gran Capital: hemos pasado del monopolio público al monopolio privado (1).

 

Aun así, en muchos lugares, Canarias es uno de ellos, existen grupos de ex militantes de aquella vieja izquierda que están buscando un nuevo camino revolucionario, ya que intuyen que los métodos de análisis y las formas de lucha clásicos no les sirven para encontrar las nuevas respuestas. A esos persistentes luchadores sociales que no han claudicado nunca y que se atreven a dejar atrás los antiguos moldes queremos convocarlos a construir una nueva izquierda, que tal vez ni siquiera utilice esta añeja denominación porque necesita refundarse completamente (prefiero llamar progresistas a estas personas o grupos).

 

Este nuevo referente, que habrá de surgir porque la necesidad histórica lo está llamando, debe sustentarse en dos pilares fundamentales: poner al ser humano como centro, por encima de cualquier otro valor (se trate de Dios, el Estado o el Dinero) y, como corolario de lo anterior, su forma de acción ha de ser no violenta. Respecto del método de análisis de la realidad social, es necesario incorporar a la subjetividad humana y sus motivaciones dentro de los factores relevantes que impulsan cualquier proceso de cambios, tal como ya lo está haciendo la ciencia de las últimas décadas al interior de su propio ámbito.

 

Como ha sucedido muchas veces antes en la corta historia humana, nos enfrentamos a un sistema violento y queremos cambiarlo porque nuestra vida y la de todos los seres humanos incluidos en él están siendo afectadas dolorosamente. El fundamento principal que anima nuestra lucha y empuja nuestra acción para propiciar un cambio estructural, y no ajustes o correcciones de perfeccionamiento al esquema vigente, se reduce a una percepción muy nítida de que la violencia social que experimentamos no es sólo un efecto negativo secundario (una «externalidad negativa», como hoy les gusta decir a los tecnócratas), sino que un factor consustancial al sistema, que impone condiciones sociales violentas y deshumanizantes que generan, a su vez, reacciones violentas equivalentes en una escalada creciente e infinita.

 

Los humanistas no necesitan abundar en argumentación cuando enfatizan que hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo, alimentación, salubridad,  vivienda e instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo (2).

 

El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. Frente a esta irracionalidad, no se levantan dialécticamente las voces de la razón sino los más oscuros racismos, fundamentalismos y fanatismos. Y si es que este neoirracionalismo va a liderar regiones y colectividades, el margen de acción para las fuerzas progresistas queda día a día reducido. Por otra parte, millones de trabajadores ya han cobrado conciencia tanto de las irrealidades del centralismo estatista, cuanto de las falsedades de la Democracia capitalista. Y así ocurre que los obreros se alzan contra sus cúpulas gremiales corruptas, del mismo modo que los pueblos cuestionan a los partidos y los gobiernos. Pero es necesario dar una orientación a éstos fenómenos que de otro modo se estancarán en un espontaneísmo sin progreso. Es necesario discutir en el seno del pueblo los temas fundamentales de los factores de la producción.

 

Para los humanistas existen como factores de la producción, el trabajo y el capital, y están demás la especulación y la usura. En la actual situación, los humanistas luchan porque la absurda relación que ha existido entre esos dos factores sea totalmente transformada. Hasta ahora se ha impuesto que la ganancia sea para el capital y el salario para el trabajador,  justificando tal desequilibrio con el "riesgo" que asume la inversión.... como si todo trabajador no arriesgara su presente y su futuro en los vaivenes de la desocupación y la crisis. Pero, además, está en juego la gestión y la decisión en el manejo de la empresa. La ganancia no destinada a la reinversión en la empresa, no dirigida a su expansión o diversificación, deriva hacia la especulación financiera. La ganancia que no crea nuevas fuentes de trabajo, deriva hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los trabajadores ha de dirigirse a obligar al capital a su máximo rendimiento productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la gestión y dirección sean compartidas. De otro modo, cómo se podría evitar el despido masivo, el cierre y el vaciamiento empresarial? Porque el gran daño está en la subinversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado y la fuga del capital; no en las ganancias que se puedan obtener como consecuencia del aumento en la productividad.  Y si se insistiera en la confiscación de los medios de producción por parte de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XlX,  se debería tener en cuenta también el reciente fracaso del Socialismo real.

 

En cuanto a la objeción de que encuadrar al capital, así como está encuadrado el trabajo, produce su fuga a puntos y áreas más provechosas, ha de aclararse que esto no ocurrirá por mucho tiempo más, ya que la irracionalidad del esquema actual lo lleva a su saturación y crisis mundial. Esa objeción, aparte del reconocimiento de una inmoralidad radical, desconoce el proceso histórico de la transferencia del capital hacia la banca, resultando de ello que el mismo empresario se va convirtiendo en empleado sin decisión dentro de una cadena en la que aparenta autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el proceso recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar éstos puntos.

 

Los humanistas sienten la necesidad de actuar no solamente en el campo laboral sino también en el campo político para impedir que el Estado sea un instrumento del capital financiero mundial; para lograr que la relación entre los factores de la producción sea justa y para devolver a la sociedad su autonomía arrebatada.

 

(1) El futuro de la izquierda, de Tomás Hirsh.

 

(2) Documento humanista, de "Carta a mis amigos".