13 jun. 2010

Silo, sobre el Impulso

 Impulso


Pudiera parecerte que el mundo interno es pequeño en comparación con los miles de millones de estrellas que pueblan el cosmos, o con la multiplicidad ilimitada en que se manifiesta la vida. El mundo interno, que sólo abarca desde los ojos hasta la nuca, no ocupa espacio en comparación con la enormidad del mundo externo y sin embargo, cada vez que abres los ojos, se expande a todo lo que percibes. Cuando percibes, estás observando también al mundo interno.


El mundo interno afecta completamente a esa realidad externa. No se trata simplemente de un teñido de acuerdo al estado de ánimo en que me encuentro. En lo humano existe intencionalidad. Esa intencionalidad es un impulso que lleva hacia el exterior todo lo que contiene el mundo interno. Esa intencionalidad traslada el mundo interno hacia fuera de lo humano, hacia fuera de sí mismo, construyendo la realidad y no simplemente tiñéndola con el filtro del mundo interno. Si internamente estamos llenos de contradicciones y sufrimiento, así será la concreción de la realidad en el paisaje externo. Si por el contrario, estamos en contacto con una verdad o con el sentido, ah!, contemplaremos maravillados la construcción que realizamos.


¿Qué hay en ese mundo interno que la conciencia intenta trasladar hacia el mundo externo? ¿Qué es lo que buscamos fuera de nosotros?


Ese impulso es de una fuerza tal, que la conciencia está dispuesta a transformar el mundo entero para completarlo. Está dispuesta a transformarse incluso a sí misma para trasladar a la existencia eso que está guardado muy adentro de ella.


Hay un mundo interno, hay un mundo externo y hay un impulso que traslada ese mundo interno hacia fuera de sí mismo. La conciencia se encuentra entre estos dos mundos.

Si negamos el mundo interno, el mundo externo se vuelve mecánico y vacío. Si negamos el mundo interno, vaciamos la vida y al mundo de contenido y de significado. A ese proceso se lo conoce como deshumanización. La deshumanización es la negación del impulso que comunica la interioridad con la exterioridad. La deshumanización es una mirada que niega la posibilidad de realizar el mundo querido y profundo en el exterior.


Lo humano no es una forma de vida mas, alcanzada por una mecánica evolución. Lo humano no es un modo sofisticado de la vida para alimentarse y reproducirse; lo humano es un impulso que viene de muy lejos y busca trasladar algo muy importante que viene desde esa lejanía, a un lugar que puedas ver y contemplar.


Algunas veces tienes ante tus ojos la imagen o el sonido de aquello que traes de tan lejos y entonces, entras en un momento extraordinario; una emoción como si todo el bien se te hubiera entregado junto, te desborda. Desde afuera quien te observe no ve nada especial, sin embargo tu estás en presencia de los dioses.