28 abr. 2011

El pequeño gesto que cambió el mundo [Rosa Parks]


A veces pensamos que los grandes cambios sociales, aquellos que dejan su huella en la Historia son obra de grandes personas y requieren grandes acciones. Esta es la conmovedora historia real de una persona apenas conocida, que con un pequeño gesto provocó un cambio de grandes consecuencias.

Era una persona anónima, como tantas otras. Una mujer normal, de mediana edad, con un trabajo modesto de costurera. Vivía en Montgomery, Alabama, en ese sur profundo, racista, de los Estados Unidos que tantas veces hemos visto en el cine y la televisión. Era negra. Se llamaba Rosa Parks. 

En varios estados de la Unión, la política segregacionista vigente desde los tiempos de la Guerra Civil, separaba social y políticamente a blancos y negros. La población negra, sometida a este sistema de apartheid, no tenía derecho al voto, era excluida de los restaurantes e incluso tenía prohibido el acceso a los baños públicos. La segregación racial se extendía al sistema educativo e incluso al transporte público: en los autobuses, los negros eran separados de los blancos. Los vehículos estaban señalizados con una línea: los blancos delante y los negros detrás. Los negros además, estaban obligados a ceder sus asientos a los blancos cuando alguno lo requería.

Todo empezó el jueves 1 de diciembre de 1955. Rosa Parks, subió a un autobús de línea y se sentó en la quinta fila de asientos, la primera que los negros podían ocupar, junto a otros tres negros. Tres paradas después subieron algunos blancos, que ocuparon las cuatro filas de delante, pero quedó uno de pié. Cuando el conductor se dio cuenta, les dijo a los cuatro de la quinta fila que se movieran para el fondo y los otros tres se levantaron y se fueron, pero ella no. Cuando la vio todavía allí, le dijo que se levantara (los blancos y los negros no podían sentarse en la misma fila). Pero ella permaneció en su asiento y dijo: “No”.

El conductor trató de disuadirla. Debía ceder su asiento, es lo que marcaba la ley. "Voy a hacer que te arresten", le dijo. Rosa, con esa obstinación tranquila de la gente que sabe que tiene razón ocurra lo que ocurra respondió: "Hágalo". El conductor, perplejo, desvió el autobús de su ruta hasta la comisaría más cercana. Allí los policías, mas perplejos todavía, arrestaron a esa mujer terca y tomaron sus huellas.
Detención de Rosa Parks. La policía toma sus huellas.

"Aquel día estaba fatigada y cansada. Pero sobre todo tenía hastío de ceder", declaró mas tarde. Rosa Parks pasó la noche en el calabozo acusada de perturbar el orden público y pagó una multa de catorce dólares. Sin embargo, el caso trascendió. El incidente del autobús tuvo como primer efecto la creación de la Montgomery Improvement Association, cuya finalidad era la defensa de los derechos civiles de la población negra. Rosa era activista de la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP). Esa misma noche los líderes de los derechos civiles organizaron un boicot a la compañía de autobuses de Montgomery, que fue un éxito rotundo, y una asamblea del movimiento decidió mantenerlo de forma indefinida y formar un comité, al frente del cual pusieron a un joven pastor de la iglesia baptista llamado Martin Luther King

Cuando la compañía vio que la cosa iba en serio intentó resolver la situación; los dirigentes negros propusieron un plan de integración moderado, pero la compañía no lo aceptó. El boicot siguió adelante.
  Rosa durante el boicot a la compañía de autobuses de Montgomery, 
Al fondo el reverendo Luther King

En enero, las casas de Martin Luther King y otros dirigentes fueron atacadas. En febrero, 89 negros fueron procesados sobre la base de una ley que prohibía los boicots.

Los comerciantes de la ciudad, que estaban preocupados porque el boicot también hacía que sus ventas bajaran trataron de convencer a los líderes negros para que lo levantaran, pero no consiguieron nada.

Se calcula que participaron más de 30.000 personas. Hicieron marchas diarias de varios kilómetros para acudir cada día a sus trabajos, y cuando les preguntaban cómo se sentían, algunos respondían: "Mis pies, cansados. Mi alma, ¡liberada!". Muchos se organizaban para compartir los automóviles y los propietarios de taxis los cedían para llevar a sus vecinos. Con frecuencia la gente que caminaba en grupos a sus trabajos era acosada y golpeada por bandas de matones armados a sueldo de la compañía de autobuses y de los líderes racistas.

Aquel boicot duró más de un año y solamente terminó cuando la Corte Suprema de los EE.UU. en 1956, declaró inconstitucional la política segregacionista de Montgomery. Ese acto tan simple de una mujer obstinada desató un movimiento masivo por la desobediencia civil contra la discriminación racial, al cual se unieron muchos estadounidenses blancos asqueados de ese sistema inhumano.

La Corte Suprema declaró que la segregación era una norma contraria a la constitución estadounidense, que declara iguales a todos los individuos de la nación. Poco después el gobierno y los tribunales de los Estados Unidos abolieron las leyes segregacionistas en todos los estados. Aquella mujer normal, anónima, obstinada, cansada de ceder, había logrado demoler un sistema profundamente injusto y lo había hecho sin gritos, sin violencia, con un acto tan simple como permanecer sentada y decir: “no”.

Rosa Parks se fue a vivir a Michigan y desde 1965 trabajó para el legislador demócrata John Conyers, quien la calificó como “madre del movimiento de derechos cívicos”

En 1989, Rosa Parks participó en la inauguración del monumento conmemorativo Civil Rights Memorial, en Montgomery, Alabama.

En 1999 recibió de manos del presidente Bill Clinton la Medalla de Oro del Congreso. 

Rosa Parks murió a los 92 años. 

Hoy  Obama preside los Estados Unidos, Clarence Thomas es miembro del Tribunal Supremo, Collin Powell y Condoleezza Rice han sido Secretarios de Estado... y a tantos y tantos otros se les evalúa por sus méritos o por sus ideas, por su aptitud o por su actitud, pero no por el color de su piel. Como dijo Luther King en aquél mítico discurso denominado “I have a dream”.

El reverendo Luther King es recordado en todo el mundo y es justo que así sea, porque pagó el precio más alto que una persona puede pagar por defender sus ideales, por defender su fe. Pagó con su propia vida. Pero también es justo recordar que todo comenzó con una mujer normal, anónima, negra, de mediana edad, una obstinada costurera de Montgomery que un día tomó conciencia de una gran injusticia o simplemente se encontraba cansada, y reaccionó de la única forma que supo. Permaneció allí sentada y cambió el curso de la historia.