2 feb. 2010

Réquiem por tres afganos y un colombiano

Hoy han vuelto a llegar a España malas noticias desde Afganistán. Combatientes afganos han matado a un colombiano y han herido gravemente a otro compatriota suyo y a un español, todos ellos enviados a la guerra por el Gobierno de España. Las tropas enviadas por el Gobierno han acabado, a su vez, con tres afganos.

Cuatro muertos más que lamentar en un incidente violento ocurrido en ese lejano país al que hemos ido con nuestras máquinas de matar sin que nadie nos invitara.

Nadie se acordará de los afganos muertos. Según el Ministerio de Defensa, cometieron un atentado. No sabemos si también lo llamarían atentado si el tanque fuera afgano, estuviera transitando por la Puerta del Sol de Madrid y el que hubiera puesto la mina para destruirlo fuera un cabo primero de la Legión. Ojalá no tengamos que averiguarlo nunca. Pero como esto es un “atentado”, los afganos muertos son terroristas y, por ello, no merecen ni ser mencionados en el comunicado del Miniesterio. Para el Gobierno español no existen. Son el enemigo. El enemigo cuya tierra hemos invadido, pero, al fin y al cabo, el enemigo.

Al joven colombiano John Felipe sí le mencionan en el comunicado de prensa. Dan su graduación, edad, nacionalidad y destino. Durante unos días será noticia. Carme Chacón ya partió para Afganistán. Hará declaraciones sentidas y quizá llore, pondrá una medalla en el féretro del chico y solicitará una pensión para la familia de John. Carme no puede permir que la moral de la tropa decaiga. Es necesario que los soldados perciba nque el mando está con ellos. Pero, tras dos semanas, John Felipe pasará al olvido, como pasaron Jorge Arnaldo, Germán, Stanley, Idoia, Cristo, Christian, Rubén y otros muchos. A nadie le importará lo sucedido y su memoria correrá la misma suerte que la de los tres afganos abatidos hoy. Son carne de cañón. Y, como en España escasea, la importamos de fuera. Ecuador, Colombia o Perú son buenos proveedores: países con muchos jóvenes necesitados dispuestos, por unos pocos euros, a sacrificar sus vidas o sus conciencias en esta guerra que tan ajena les resulta.

Mientras tanto, un Zapatero, en el que ya no reconocemos al que se manifestara contra la guerra de Irak, organiza con el flamante Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, el envío de otros quinientos soldados más a morir o a matar.

Disculpenme, amigos, si hoy no soy capaz de encontrar unas palabras de esperanza o de optimismo para cerrar mi reflexión, pero el dolor, la pena, el asco y la impotencia me invaden. Espero que puedan entenderlo.

Javier Sampedro

Publicado en su blog: http://javiersampedro.blog.com/


¡¡¡RETIRADA DE LAS TROPAS DE LOS TERRITORIOS OCUPADOS!!!